sábado, 20 de agosto de 2011

Sociedad.

Héroes

06/09/2011

Qué fácil es dibujar en la arena, pálida y fina. Qué fácil es borrar sea lo que sea que has dicho a la Tierra. Que fácil es sacudirse los granitos de arena de tu piel y quitar todo rastro de ellos en tí. Sin que dejen huella. Sin que hieran o se queden contigo. Sin que te persigan.
Te dejan libre.
Puedes irte y dejarlos ahí, tirados, sin sentir remordimiento ni culpa. Ojalá las personas fuesen así.
Las disfrutas y cuando ya te aburren o has sacado provecho de todo lo que se podía aprovechar... les dices "Adiós, un gusto conocerte"  Pero no. Las personas se pegan como el barro o la miel. Son pegajosas y no te dejan libre. Quieren poseerte, te obligan a seguir a su lado y si te vas... si las dejas solas, se lamentan y dejan en tí plantada la semilla de la culpabilidad.
Que asco de vida, que asco de sociedad. Un pájaro es más libre que una persona.

Erik deja escapar una sonrisa triste y niega con la cabeza.

Hay que joderse. Incluso una mariquita es más libre en su corta vida que un hombre. Que una mujer. Ojalá todo fuese como en la naturaleza. Eliges con quién fornicar y disfrutas. Te reproduces y luego te preocupas en sobrevivir y defender tu territorio. Te olvidas de la manada. Olvidas todo y echas a correr. Correr lejos, nadar lejos o volar, volar muy lejos. Sintiendo la vida en cada parte de tu cuerpo. Olvidando a todos los que has conocido. Solo te preocupas de tí mismo. Y nada más.

Nada más.

Erik otea la orilla. Llena de la gente del instituto. El último año con ellos y después decirles un "Adiós, un gusto haberte conocido"  Y realmente no merece la pena seguir en contacto con ninguna de aquellas carcasas vacías que ríen de gilipolleces y hablan sobre gilipolleces aún más grandes. Ha habido buenos momentos, sí. Los ha habido. Pero siempre se olvidan. Nunca se recuerda el por qué ni cómo. Los malos momentos se graban en la memoria de cada uno y te persiguen durante toda tu vida.

Mejor vivir el momento y después un "Adiós, espero no volver a verte" Hay mejores cosas que conocer. Siempre hay algo mejor que lo que nos rodea y siempre... siempre hay algo peor pero no siempre llega a tí.

Se levanta de la toalla y se sacude la arena de las manos. Tira sus gafas de sol en la manta y se dirige al agua, sintiendo el calor en la planta de sus pies, colandose entre sus dedos. Ignora a los chicos y a las chicas. Ellos no saben nada más que fanfarronear y dar con el pie a una pelota. Ellas solo saben apartarse el pelo y reír tontamente. Vaya gente, que peña.

¿En eso consiste las relaciones humanas? ¿En aparentar ser del grupo? Me aparto mi pelo de ésta manera porque es lo que se lleva de moda o juego al tennis porque todos los guays lo hacen. Si en eso consiste las relaciones... Él prefiere dejarlas a un lado. No hay nadie auténtico en el jodido mundo. Y los que lo son... no duran o se marchitan. Mueren bajo el peso de la masa estética que rigue a las personas sin personalidad ni espectativas en la vida.
El agua no está fría, o al menos a él no se lo parece. Se mete sin pensárselo. El bañador azul con claro y flores surfistas se pega a las piernas. Cierra sus ojos verdes esmeralda y mete la cabeza. La cresta de pelo negro sigue, terca, en su cabeza por la gomina resistente al agua. Nada bajo el agua, alejándose de los demás. Oteando el fondo.

Que gran masa de azul intenso y verde claro, atravesado por corrrientes rojas y amarillas de calor. Al sacar la cabeza a la superficie la sacude y se quita el agua de sus ojos. Mira a su alrededor.

-¡Erik!-Didi se acerca con una sonrisa, saltando en el agua. Con el pelo rubio mojado y el bañador blanco a topitos negros pegado y húmedo. Otra simetría de la sociedad, otro peón de la moda y los cosméticos... sin personalidad alguna. Aún busca su lugar en este mundo.

La sonríe. Porque él es así. Hay que sobrevivir integrándote, pero ser auténtico. Sé auténtico aunque no lo parezcas. Vístete como ellos pero no seas como ellos. Sé hipocrita, son los únicos que sobreviven en ésta vida de errores y aciertos.

-¡Te has metido! ¿Y no me avisas?

Erik se encoge de hombros y decide salpicarla. Ella deja escapar un chillido y se protege, al tiempo que ríe.

-¡Para, para!

Y aún así. Dentro de todas esas carcasas, dentro de todas esas personas pegajosas como el barro, como la miel... existe gente que si vale la pena. Gente que aunque pegajosa y cansina... es adictiva. Que asco.

Didi le salpica. Una lástima que ella no sea una de esas personas, aunque vale para entretenerse de momento hasta que llegue el "Que te vaya bien" La agarra de la cintura y la alza, colgándosela del hombro. Ella pega patadas al aire al tiempo que le golpea juguetonamente la espalda. Quiere hacerse la raptada aunque en realidad está disfrutándo de que él la atienda, porque no suele hacerlo. Él lo sabe y la complace, porque es mejor tenerles contentos a todos esos que no saben quienes son y dejarles en paz luego. Salen del agua. Los otros les gritan algo entre risas  "Parejitaaaa" "Deja algo para los demás" "A mi también peudes cogerme así, ¿eh?" 

¿Qué más da perder un poco de tiempo más con ellos? Luego les olvidarás y con suerte ellos a ti también. Él sonríe y niega con la cabeza. La deja sobre la arena. Ella ríe. Los demás se acercan a hablar. Él asiente, sin oírles demasiado porque no le interesa. Sus ojso verdes vuelan un instante hacia ésa sombrilla. Hacia ella. Leyendo bajo la sombra. Disfrutando de la lectura.


Cuando está callada puede ser guapa. Cuando sonríe también. Incluso cuando está enfadada y frunce el ceño. Ve como se aparta un mechón de pelo y se lo pone tras la oreja. Luego llega Él. Aparta la mirada desinteresado de la nueva imagen bajo la sombrilla. Ayer ya tuvo suficiente, gracias. No necesita ver como él le gana terreno, ni como ella le sonríe y ríe sus bromas. Tampoco necesita recordar que Él fué una de esas pocas personas pegajosas que valían la pena pero, por desgracia o tal vez es mejor así, se ha vuelto como los demás. Le da igual. Eso se dice a sí mismo pero en lo más profundo le duele. Lo sabe. Él ha sido un gran amigo hasta que todo se torció y ahora ni se entienden ni quieren entenderse. Una lástima.

Ríe de una broma y pasa el brazo por encima de los hombros de Didi que sonríe complacida ante este gesto. Que lástima que todos, en realidad, esten vacíos. Qué lástima porque le hacen pasar buenos momentos pero una vez todo termine no les volverá a ver... y con suerte ellos tampoco querrán saber nada de él y tampoco le buscarán.

M.Q

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