jueves, 11 de agosto de 2011

Absenta y LSD (I)

4-8-11

(Héroe)

David observó con una mezcla de desprecio y repugnancia el callejón en el que se estaba metiendo. Las esquinas tenían manchas amarillentas de orina, y alguien había vomitado al lado de los cubos de la basura. Sus pies levantaban crujidos con cada paso, pues el suelo estaba tapizado de cristales rotos de botellas y jeringuillas, y de vez en cuando alguna rata salía gritando de entre las montañas de desperdicios amontonados contra la pared. Por suerte, el fuerte aroma a alcohol y a diversas sustancias ilícitas taponaba el olor a descomposición y podredumbre.
El callejón acababa en una pared gris de cemento con una puerta de metal descolorida y roída por el óxido. David la golpeó con todas sus fuerzas, ya que dudaba que pudiesen oírle por encima de la música. Después de unos instantes, la puerta se abrió y una espesa humareda blanca salió a su encuentro. Cualquier persona normal habría tosido, pero David estaba demasiado acostumbrado al tacto áspero del humo de la maría como para que le afectase. Con el humo salió también a recibirle un chaval de veintipocos años, bajito y delgado, con pelo rubio y perilla. De la nariz para arriba su cara quedaba oculta por la visera de una gorra con el emblema del Rayo Vallekano.
-Que passssa Pino, ¿qué tal ssstasss tron?
-Con ganas de emborracharme hasta echar el estómago por la boca, Suko.
-Asssi ssse habla colega, tu sssi que controlasss- Suko empezó a tambalearse, y David tuvo que agarrarlo por los hombros para evitar que se cayese directo a una bolsa de basura que rezumaba un líquido verdoso.- Joder tron, graciasss....venga, passsa p'adentro, que hoy ssstan d'una fiesssta que flipas, tron.
David siguió a Suko al interior del edificio. Atravesaron un pasillo con las paredes desconchadas y llegaron a un gran salón. Tres sofás ocupaban una de las paredes, mientras que las otras estaban llenas de estanterías desordenadas en las que se mezclaban los CD's de música con las bolsitas de hachís y las pastillas de Rubifen. Una gruesa y anticuada televisión ocupaba el centro de la estancia junto a un aparato de música que reproducía a todo volumen canciones de Bob Marley.
Había unas diez personas en la habitación. Era difícil saberlo con exactitud, pues una densa neblina flotaba en el aire. Algunos de ellos bailaban de forma descoordinada en un extremo de la habitación, como marionetas dirigidas por un titiritero borracho. Otros se enrollaban en los sofás o por el suelo. Incluso había uno que miraba una pared con sus enrojecidos ojos abiertos al máximo. Tenía la boca entreabierta y un fino hilillo de saliva se deslizaba por la comisura de sus labios.
-¿A ése qué coño le pasa?- preguntó David con curiosidad. Había probado la mayor parte de las drogas que podían comprarse en Madrid, pero nunca había visto nada que produjese esos efectos.
-Esssse sss'a tomao una d'essstasss que nosss han traído hoy, ssse llamaban....esssteee....LSD, nosss lassss ha traído el Jonny sssta tarde. ¿Te animassss a tomar una?
-Paso, me conformo con la absenta- David estaba decidido a mantener la promesa que le había hecho a Sandra.
Se dirigió al minibar sobre el que estaba apoyada la televisión. Abrió los cajones hasta encontrar una botellita de color verde con el dibujo de un hada en la etiqueta. Le quitó el tapón casi con ansia y vació su contenido de un solo trago. Después, se sentó en uno de los sofás a esperar que surtiese efecto el hechizo del hada verde.
Veinte minutos más tarde, David se arrepentía profundamente de haberse tomado la absenta tan rápido. Sus recuerdos se habían descontrolado con mucha más violencia de lo habitual, haciendo que ante sus ojos desfilase ahora una maratón de momentos desgarradores. Sandra hablando con Erik, Sandra sonriendo a Erik, sus padres muertos en el suelo, su hermano rodeado de llamas en la furgoneta, con su infantil rostro desencajado y gritando que corriera.....
Sin darse cuenta, David se había levantado del sofá y estaba ahora tambaleándose de un lado para otro, gritando y aullando, arañándose la cara con las manos mientras iba dándose golpes contra las paredes. La gente no le prestaba apenas atención, acostumbrada a escenas parecidas e incluso peores. Finalmente, David se derrumbó en una esquina, justo al lado de Suko, que estaba en esos momentos liándose un porro.
-Joder, tron, ssssi esss que ya te lo he dicho, te tendríassss que haber tomado el LSD, essss la ossstia, mucho mejor que la mierda esssa de l'abssenta.
-No me jodas Suko- contestó David intentando controlar los espasmos que agitaban su cuerpo. Su frente estaba perlada de gotas de sudor que iban resbalando hasta su cuello.- Ya estoy lo suficientemente mal como para encima meterme más mierda.
-Tío, sssi esss que no me dejasss explicarte. El LSD no te da cosssasss rarasss ni chungosss, te deja de puta madre y encima empiezasss a ver cosssasss mazo guapasss.
David intentó despejar su mente lo suficiente para pensar. Si el LSD era capaz de provocarle alucinaciones, quizás podría mantenerle distraído hasta que se le pasase el ataque de memoria. Pero le había prometido a Sandra que no se volvería a drogar....¿O no? El solo le había prometido dejar la heroína y la cocaína, no había mencionado en absoluto el resto de drogas. Por tanto, podía tomar LSD y mantener intacta su promesa....
-Suko, tráeme el LSD ese.
-¿Lo vesss? Sssi al final hasssta tu quieresss- Suko se levantó y volvió menos de un minuto más tarde con una jeringuilla llena de un líquido blanquecino en las manos. Con una sonrisa, Suko hundió la fina aguja en el brazo de David y apretó el émbolo hasta vaciar completamente la jeringa. Luego, se sentó de nuevo a su lado.- Que tengasss dulcesss sssueñosss, tron...
Pronto, las pupilas de David se dilataron, y empezó a ver....

El Príncipe

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