viernes, 12 de agosto de 2011

Absenta y LSD (II)

4-8-11
(Héroe)


La habitación empezó a ondularse, sus paredes se retorcían hasta transformarse en burbujas cristalinas que estallaban en explosiones de colores brillantes. El paisaje cambió rápidamente: ya no estaba en un sucio salón lleno de futuros cadáveres con las venas repletas de heroína, sino en una colina que le resultaba familiar. La hierba tenía un color dorado rojizo bajo los últimos rayos de sol...
Entonces la vio, apoyada contra un árbol y sonriéndole. El rojo de su vestido contrastaba con el marrón oscuro de la rugosa corteza. De pronto se encontraba junto a ella, y sus manos vacilantes buscaron su cintura. Acercándola lentamente, se perdió en la inmensidad de sus ojos color caoba, olvidando en el camino las interminables tardes de tristeza y melancolía junto a botellas de absenta. Sus labios se encontraron y comenzaron un baile apasionado, al que pronto fueron a unirse sus lenguas húmedas y ardientes. Tuvo la sensación de que la saliva de Sandra penetraba hasta el fondo de su alma, limpiando su corazón de desesperanza y pasadas cicatrices. Se tumbaron sobre la hierba fresca y suave, y David cruzó sus brazos tras la espalda de Sandra, apretándola con fuerza, disfrutando del tacto de sus pezones erectos contra su pecho, y empezó a desabrochar las cuerdas que mantenían unido el vestido mientras Sandra le desabotonaba la camisa y los pantalones. Metió después sus manos debajo de la delicada tela del sujetador de Sandra, acariciando y apretando con dulzura sus duras areolas. Notó como las manos de ella comenzaban también una danza traviesa bajo su ombligo, jugando a introducirse algunos centímetros debajo del bóxer, para volver de nuevo a deslizarse por su cintura y sus caderas. Sacó entonces las manos de encima de sus perfectos montes, y le quitó el sujetador. David comenzó a pasear su lengua por sus pechos, recorriendo con ella su contorno, describiendo círculos cada vez más pequeños hasta que llegó de nuevo a los pezones, que mordisqueó lentamente, succionando con suavidad y lamiendo su afilada cumbre. Empezó a bajar por el cuerpo de Sandra, besando su vientre, su ombligo y finalmente la zona cubierta todavía por las sensuales bragas negras. Con cada beso arrastraba un poco más abajo la poca tela que aún la cubría, hasta que finalmente se las quitó por completo. Mojó el corazón y el índice con un poco de saliva, y lentamente, procurando no hacerle daño, se los introdujo en su sexo. Al mismo tiempo, Sandra metió la mano dentro del bóxer y agarró su pene con firmeza, masturbándolo rítmicamente.
-Sandra....yo...- aumentando aún más el surrealismo de la escena, los ojos de David se llenaron de lágrimas mientras le metía los dedos a Sandra.- Si hubiera sabido....que esto acabaría pasando yo...todo lo que he hecho desde que te fuiste a Benid...
-Sssh -Sandra le silenció poniéndole el dedo en los labios.- Ya, ya lo sé....se acabó todo.
-Si -sonrió.- Se acabó...
David se levantó entonces para volver a besarla. Mientras con una mano acariciaba las mejillas de Sandra, con la otra agarró su miembro viril para dirigirlo hacia la gruta recubierta por una fina capa de vello. Lo situó a la entrada, disfrutando de la humedad y el calor que emanaba, y con firmeza fue introduciéndolo. Sandra soltó un leve suspiro de placer, mientras se aferraba con ambas manos a la nuca de David y cerraba los ojos. Comenzaron a mover las caderas al mismo compás, alternando rápidas y fuertes sacudidas con suaves y tiernos vaivenes. Los suspiros de placer se transformaron en profundos y penetrantes gemidos, que no hacían más que aumentar su excitación. Las manos de los dos amantes se deslizaban a toda velocidad por sus cuerpos, dedicándose caricias, masajes o delicados pellizcos en los puntos erógenos.
David miró fijamente a Sandra a los ojos.
-Sandra.... - murmuró con los ojos desorbitados, como un náufrago que divisa en el horizonte las velas de un buque.- Sandra... - repitió con la misma intensidad en la voz y la mirada, aumentando la velocidad de las embestidas- ....yo...
En ese momento, ambos alcanzaron el clímax y levantaron la cabeza hacia el broncíneo cielo para dejar escapar de sus gargantas un aullido de placer que se perdió en el firmamento.
-¡TE AMO! -logró decir David.
Y tras decir esas palabras, la colina empezó a girar alrededor suyo a toda velocidad, transformando al paisaje en un cúmulo de manchas borrosas que chocaban entre sí lanzando chispas, hasta que finalmente....
Vacío.

David puso los ojos en blanco mientras su torso se agitaba descontroladamente hasta que acabó cayendo de lado contra el suelo. Una mancha oscura se extendía por la zona de la entrepierna de sus vaqueros, y dos gruesas lágrimas surcaban sus mejillas, dejando un rastro brillante tras de sí. Sin embargo, esta vez sus lágrimas eran distintas.
Porque, por primera vez en muchas semanas, David lloraba de felicidad.

El Príncipe

No hay comentarios:

Publicar un comentario