Héroes
Las lagrimas le recorrían las mejillas, húmedas y cálidas contra su piel, dejando rastros brillantes por todo su rostro. Caminaba deprisa por los pasillos del hotel. Era difícil seguir andando e ignorar los desesperados gritos de Pino, que aullaba su nombre desde la puerta de la habitación.
Aun resonaban en su cabeza las palabras de Pino. "Si, he matado a dos hombres. Pero lo he hecho por ti, por vosotros. No pienso consentir que os hagan daño. Os voy a proteger cueste lo que cueste." Cerró los ojos, tratando de evitar que las lágrimas siguieran deslizándose a través de sus párpados, pero fue en vano. Se las secó con el dorso de la mano y se dirigió a la habitación que compartía con Paqui. Afortunadamente cuando llegó no había nadie en la sala. Sandra se tiró encima de la cama, abatida y confusa. No podía dejar de pensar en lo sucedido. No sabía que le resultaba más doloroso, si que Pino se dedicase a salir por las noches a cazar seres humanos, personas con sueños y esperanzas, o que haciéndolo se arriesgase constantemente a recibir un disparo. El agudo timbre del teléfono la sacó de sus ensoñaciones. Dejó que sonase durante algunos segundos. Sabía perfectamente quien llamaba, no le hacía falta revisar el número. No estaba segura de querer hablar con él. Pero finalmente contestó.
-¿Qué quieres?- preguntó secamente.
-Pedirte perdón. Lo siento -la voz de Pino sonaba insegura, como si no supiese muy bien que se suponía que debía decir- Tendría que habértelo contado de otra forma. Oye espera...-le parecía haber oído un sollozo al otro lado de la línea- ¿estás llorando?
-Sí, déjame en paz -le gritó antes de colgar.
Pino miró el auricular, sorprendido por la reacción de Sandra. No entendía que estaba pasando. Nunca había visto a Sandra reaccionar así; de hecho, nunca la había visto realmente enfadada, y no sabía como actuar. ¿Debía volver a llamarla o dejarla tranquila?.
-Joder...- Cogió el teléfono sin mucho aplomo y marcó de nuevo el número de su habitación. Sandra fulminó con la mirada al dichoso aparato, dudando entre coger o dejar que Pino siguiese llamándola toda la noche. Acabó decidiéndose por contestar la llamada y dejarle las cosas claras a Pino.
- A ver , ¿qué parte de déjame en paz no has entendido?
-La parte en la que estás llorando y yo tengo que hacer como si nada -Pino se arrepintió inmediatamente de la dureza de sus palabras- Sandra, siento muchísimo esto.
- Ya, haberlo pensado mejor ¿no?- replicó despectivamente.
-Sandra, he dicho que siento que estés llorando y haberte hecho daño con lo que te he contado, no que sienta haber hecho lo que hice. Haré lo que sea por defenderte, quieras tu o no.
-Vale -la voz de Sandra era cada vez más agria- pues yo no se si quiero ser la amiga de un asesino.
-Sandra, por Dios, no me digas eso, por favor.-Pino se estaba empezando a asustar. Había dado por sentado que lo de Sandra no era más que una rabieta y que se le pasaría rápido, pero lejos de calmarse el enfado de Sandra iba cogiendo fuerza por momentos.- No puedes dejar de quererme solo por esto. Sandra ya se estaba empezando a hartar de toda la situación.
- ¿Y qué te digo?,¿qué quieres que haga, Pino? ¿te doy la enhorabuena por ser un asesino? O mejor, ¿me hago la tonta como si no pasara nada?
-Si no quieres saber lo que hago, no preguntes Sandrita, por favor. No digo que te hagas la tonta, solo digo que no vuelvas a preguntarme por este tema.
Aquellas palabras molestaron a Sandra. ¿Se suponía que debía ignorar el hecho de que las manos con que Pino la acariciaba con dulzura todos los días estaban ahora húmedas por la sangre con que las había manchado? Era imposible olvidarlo, era imposible mirarle ahora a los ojos sin el convencimiento de que estaba observando a un asesino .Era mucho más de lo que ella podía soportar.
-No te preocupes que no te voy a preguntar nada de esta tema y de ningún otro. Adiós- Su tono era firme pero se notaba que seguía llorando.Estaba a punto de colgar el teléfono pero la voz de Pino le impidió hacerlo.
- Sandra, escúchame. Por favor Sandra, te quiero muchísimo. No te vayas de mi vida y menos por esta idiotez.
Sandra no podía creer lo que acababa de oír.
-¿Idiotez? ¿Te parece una idiotez matar a dos personas?
-No, me parece una idiotez que dejes de hablarme por protegeros a ti y a decenas de niños de todo el mundo. No he hecho nada malo.
- Si, asesinar a dos personas. Eso es malo, denota vacío de alma- replicó enfadada. " Y no quiero que te pase nada Pino, te juegas la vida y si te pierdo..., me muero." Pensó decirle eso pero su orgullo se lo impidió. Estaba enfadada y no podía flaquear todavía.
-No, matar a la familia de alguien, como ellos hicieron con la mía, eso es malo. Yo solo os he defendido y tengo mi alma perfectamente. Y aunque así no fuese no me importa, no me importa mi alma, me importáis vosotros. Si tengo que perder mi humanidad por defenderos que así sea.
A Sandra aquellas palabras le parecieron preciosas y algo se agitó en su corazón. Después de todo, Pino era su mejor amigo, y había cometido esos asesinatos por amor, en un intento desesperado por mantenerla alejada de cualquier peligro. Pero estaba tan enfadada que no le llegaron lo suficiente como para perdonarle en ese momento.
-Ya, pero yo no quiero verlo. Haz lo que quieras, pero yo no voy a ver como una de las personas que más quiero en esta vida se convierte en un asesino.
- ¿Y cuál es la solucion? ¿Echar a esa persona de tu vida?
Sandra se lo pensó antes de contestar.
- Si, quizá si- nuevas lágrimas recorrían el rostro de Sandra. Pensar siquiera en perderle era demasiado doloroso.
-Sandra, por favor, si vas a enfadarte conmigo hazlo, pero no llores lo que sea menos eso- nada afectaba más a Pino que el sonido de los sollozos de Sandra, que se le clavaban en el alma con la fuerza de un puñal. Pero tampoco podía decirle que se arrepentía, ni que no lo volvería a hacer. No era capaz de mentir a Sandra
- Ya, que no llore -Sandra se rió con amargura.- ¿Y qué debo hacer, reír? ¿Celebrar que mi mejor amigo es un asesino?
-No joder....yo solo.....joder yo....lo siento, lo siento mucho.
- No, el problema es que no lo sientes.
-Si, siento haberte hecho daño, no te puedes imaginar cuanto.
-Ya- Sandra ya no sabía que más decirle y se quedó callada pensando en como continuar la conversación. Pino esperó a que siguiese la frase, y al ver que no decía nada, empezó a ponerse cada vez más nervioso. El silencio le envolvía como una enorme red, gruesa y oscura, que le asfixiaba, le aplastaba contra la cama sobre la que estaba tumbado.
Optó por romperlo.
-Sandra, dime algo por Dios
-Mira Pino, se que sientes hacerme daño, lo sé, pero es que....- se detuvo, intentando evitar que su voz pareciese demasiado llorosa- también se que vas a seguir matando y yo no puedo ver como te conviertes en un asesino.
- No lo veas...-Pino era incapaz de ver lo absurdo de sus palabras, lo ridículo de pedirle a una de las personas que más le apreciaba en el mundo que apartase la vista cada vez que cometía un asesinato.
- Pino, no puedo mirar hacia otro lado.
- Sandra, te juro que no te contare nada más. Pero por favor Sandra sigue conmigo.
A Sandra le pareció percibir como si Pino de un momento a otro fuera también a empezar a llorar.
- No puedo, Pino, no puedo soportar la idea de que me sonrías por las mañanas y luego por las noches te dediques a matar gente, no puedo. No quiero un amigo así.
Las manos de Pino estaban tensas como garras en torno al teléfono. A pesar de que estaba respirando agitadamente, sentía que le faltaba el oxígeno, que se ahogaba en la habitación, como si el auricular se hubiera aferrado con fuerza a su garganta, intentando estrangularle. No podía soportar esas palabras, y lo que significaban. Y mucho menos si venían de ella.
- Si el que no me vuelvas a hablar es la condición para que estés a salvo, lo acepto.
- Quizá lo sea -Pino sintió clavarse una esquirla de hielo en su pecho.- Pino, yo prefiero estar en peligro
y que seas el chico de siempre a estar a salvo y tener un asesino como amigo.
- Sandra, y yo prefiero morir sin tenerte al lado, a que estes en peligro- Sandra sacó la lengua pensativa y se mojó los labios.
- Ya... lo siento Pino, pero no puedo.
- Sandra, por favor, te lo suplico
- Pino... no puedo, no puedo olvidar esto. Te quiero mucho pero esto supera mis fuerzas, yo... lo siento- Sandra sollozó con mucha más fuerza al otro lado de la línea. Pino intentaba tragarse las lágrimas.
-Por favor Sandra, por favor, te quiero, no llores por favor, perdóname... perdóname -Pino se odiaba a sí mismo por hacer sufrir a Sandra, pero cada vez que por su mente cruzaba la idea de dejar la caza, pasaba al instante siguiente la imagen de Sandra andando por la calle, de noche, y con una furgoneta negra a sus espaldas. No. No podía. Sabía como hacer que Sandra dejase de llorar, pero no podía. Y, con ese convencimiento en el alma, trató de bloquear su dolor y su pena, que corrían ya a raudales por sus mejillas.
- No se como hacerlo.
- Y apartándote de mi no aprenderás- Sandra meditó las palabras de Pino. Lo que decía era verdad, pero ella no estaba segura de si deseaba aprender a querer a un asesino.
- Ya, déjame pensarlo. Ahora no puedo contestarte. No puedo prometerte que te voy a perdonar, sabiendo que lo volverás a hacer. - En el corazón de Pino todavía se albergaba una esperanza, como una pequeña cerilla tratando de iluminar la inmensa oscuridad de una caverna.
- Sandra, prométeme que me sigues queriendo al menos. Por favor, prométemelo.
- Te prometo que lo voy a intentar Pino, pero no sé si seré capaz de quererte igual- la voz de Sandra era firme.
-Joder- Sandra pudo notar como Pino se echaba a llorar y poco después escuchó como se cortaba la línea. Se quedó un rato con el teléfono en la oreja, esperando que Pino volviese a llamar. Finalmente, colgó el aparato. Miró a la habitación sin verla, y se dejó caer de espaldas en la cama. Se agarró a la almohada, y enterrando la cara en ella, empezó a sollozar.
Sandra Palacios en colaboración con El Príncipe
- ¿Y qué te digo?,¿qué quieres que haga, Pino? ¿te doy la enhorabuena por ser un asesino? O mejor, ¿me hago la tonta como si no pasara nada?
-Si no quieres saber lo que hago, no preguntes Sandrita, por favor. No digo que te hagas la tonta, solo digo que no vuelvas a preguntarme por este tema.
Aquellas palabras molestaron a Sandra. ¿Se suponía que debía ignorar el hecho de que las manos con que Pino la acariciaba con dulzura todos los días estaban ahora húmedas por la sangre con que las había manchado? Era imposible olvidarlo, era imposible mirarle ahora a los ojos sin el convencimiento de que estaba observando a un asesino .Era mucho más de lo que ella podía soportar.
-No te preocupes que no te voy a preguntar nada de esta tema y de ningún otro. Adiós- Su tono era firme pero se notaba que seguía llorando.Estaba a punto de colgar el teléfono pero la voz de Pino le impidió hacerlo.
- Sandra, escúchame. Por favor Sandra, te quiero muchísimo. No te vayas de mi vida y menos por esta idiotez.
Sandra no podía creer lo que acababa de oír.
-¿Idiotez? ¿Te parece una idiotez matar a dos personas?
-No, me parece una idiotez que dejes de hablarme por protegeros a ti y a decenas de niños de todo el mundo. No he hecho nada malo.
- Si, asesinar a dos personas. Eso es malo, denota vacío de alma- replicó enfadada. " Y no quiero que te pase nada Pino, te juegas la vida y si te pierdo..., me muero." Pensó decirle eso pero su orgullo se lo impidió. Estaba enfadada y no podía flaquear todavía.
-No, matar a la familia de alguien, como ellos hicieron con la mía, eso es malo. Yo solo os he defendido y tengo mi alma perfectamente. Y aunque así no fuese no me importa, no me importa mi alma, me importáis vosotros. Si tengo que perder mi humanidad por defenderos que así sea.
A Sandra aquellas palabras le parecieron preciosas y algo se agitó en su corazón. Después de todo, Pino era su mejor amigo, y había cometido esos asesinatos por amor, en un intento desesperado por mantenerla alejada de cualquier peligro. Pero estaba tan enfadada que no le llegaron lo suficiente como para perdonarle en ese momento.
-Ya, pero yo no quiero verlo. Haz lo que quieras, pero yo no voy a ver como una de las personas que más quiero en esta vida se convierte en un asesino.
- ¿Y cuál es la solucion? ¿Echar a esa persona de tu vida?
Sandra se lo pensó antes de contestar.
- Si, quizá si- nuevas lágrimas recorrían el rostro de Sandra. Pensar siquiera en perderle era demasiado doloroso.
-Sandra, por favor, si vas a enfadarte conmigo hazlo, pero no llores lo que sea menos eso- nada afectaba más a Pino que el sonido de los sollozos de Sandra, que se le clavaban en el alma con la fuerza de un puñal. Pero tampoco podía decirle que se arrepentía, ni que no lo volvería a hacer. No era capaz de mentir a Sandra
- Ya, que no llore -Sandra se rió con amargura.- ¿Y qué debo hacer, reír? ¿Celebrar que mi mejor amigo es un asesino?
-No joder....yo solo.....joder yo....lo siento, lo siento mucho.
- No, el problema es que no lo sientes.
-Si, siento haberte hecho daño, no te puedes imaginar cuanto.
-Ya- Sandra ya no sabía que más decirle y se quedó callada pensando en como continuar la conversación. Pino esperó a que siguiese la frase, y al ver que no decía nada, empezó a ponerse cada vez más nervioso. El silencio le envolvía como una enorme red, gruesa y oscura, que le asfixiaba, le aplastaba contra la cama sobre la que estaba tumbado.
Optó por romperlo.
-Sandra, dime algo por Dios
-Mira Pino, se que sientes hacerme daño, lo sé, pero es que....- se detuvo, intentando evitar que su voz pareciese demasiado llorosa- también se que vas a seguir matando y yo no puedo ver como te conviertes en un asesino.
- No lo veas...-Pino era incapaz de ver lo absurdo de sus palabras, lo ridículo de pedirle a una de las personas que más le apreciaba en el mundo que apartase la vista cada vez que cometía un asesinato.
- Pino, no puedo mirar hacia otro lado.
- Sandra, te juro que no te contare nada más. Pero por favor Sandra sigue conmigo.
A Sandra le pareció percibir como si Pino de un momento a otro fuera también a empezar a llorar.
- No puedo, Pino, no puedo soportar la idea de que me sonrías por las mañanas y luego por las noches te dediques a matar gente, no puedo. No quiero un amigo así.
Las manos de Pino estaban tensas como garras en torno al teléfono. A pesar de que estaba respirando agitadamente, sentía que le faltaba el oxígeno, que se ahogaba en la habitación, como si el auricular se hubiera aferrado con fuerza a su garganta, intentando estrangularle. No podía soportar esas palabras, y lo que significaban. Y mucho menos si venían de ella.
- Si el que no me vuelvas a hablar es la condición para que estés a salvo, lo acepto.
- Quizá lo sea -Pino sintió clavarse una esquirla de hielo en su pecho.- Pino, yo prefiero estar en peligro
y que seas el chico de siempre a estar a salvo y tener un asesino como amigo.
- Sandra, y yo prefiero morir sin tenerte al lado, a que estes en peligro- Sandra sacó la lengua pensativa y se mojó los labios.
- Ya... lo siento Pino, pero no puedo.
- Sandra, por favor, te lo suplico
- Pino... no puedo, no puedo olvidar esto. Te quiero mucho pero esto supera mis fuerzas, yo... lo siento- Sandra sollozó con mucha más fuerza al otro lado de la línea. Pino intentaba tragarse las lágrimas.
-Por favor Sandra, por favor, te quiero, no llores por favor, perdóname... perdóname -Pino se odiaba a sí mismo por hacer sufrir a Sandra, pero cada vez que por su mente cruzaba la idea de dejar la caza, pasaba al instante siguiente la imagen de Sandra andando por la calle, de noche, y con una furgoneta negra a sus espaldas. No. No podía. Sabía como hacer que Sandra dejase de llorar, pero no podía. Y, con ese convencimiento en el alma, trató de bloquear su dolor y su pena, que corrían ya a raudales por sus mejillas.
- No se como hacerlo.
- Y apartándote de mi no aprenderás- Sandra meditó las palabras de Pino. Lo que decía era verdad, pero ella no estaba segura de si deseaba aprender a querer a un asesino.
- Ya, déjame pensarlo. Ahora no puedo contestarte. No puedo prometerte que te voy a perdonar, sabiendo que lo volverás a hacer. - En el corazón de Pino todavía se albergaba una esperanza, como una pequeña cerilla tratando de iluminar la inmensa oscuridad de una caverna.
- Sandra, prométeme que me sigues queriendo al menos. Por favor, prométemelo.
- Te prometo que lo voy a intentar Pino, pero no sé si seré capaz de quererte igual- la voz de Sandra era firme.
-Joder- Sandra pudo notar como Pino se echaba a llorar y poco después escuchó como se cortaba la línea. Se quedó un rato con el teléfono en la oreja, esperando que Pino volviese a llamar. Finalmente, colgó el aparato. Miró a la habitación sin verla, y se dejó caer de espaldas en la cama. Se agarró a la almohada, y enterrando la cara en ella, empezó a sollozar.
Sandra Palacios en colaboración con El Príncipe
Erik dice: ARRIBA LA MAQUINARIAA!!! PUTO PINO ASESINOO!!!!! XDD
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