Heroés
2-12-2011
Cada vez que cerraba los ojos, por la mente de Sandra, pasaban el recuerdos de Pino. Le veía correr, yendo hacía las vías del tren y veía como sin pensárselo dos veces el se tiraba dejando atrás su vida, sus amigos ...Todo. Un dolor inmenso se apoderaba de su corazón, ahogándola sin dejarla siquiera respirar.
Desde ese momento no había día que Sandra no llorara por su ausencia. Le echaba de menos a cada minuto y a cada segundo. Los días pasaban lentos como si fueran interminables y a veces pensaba que vivir no merecía la pena, su amigo, su compañero, se había ido y lo peor era que a menudo se sentía culpable por todo lo que había pasado, porque a pesar de todo le había dejado solo poniéndose de parte de Erik en la pelea, sabiendo lo que Pino era capaz de hacer porque el mismo se lo había contado unos días antes pero Sandra jamas pensó que el fuera capaz...
Cada vez que cerraba los ojos pasaba también por su mente la última conversación que había tenido con Erik, como el se había largado de la casa después de decirle aquellas cosas tan duras,que no la quería y que ella era la causante de la muerte de Pino, su asesina.
Desde ese momento no había día que Sandra no llorara su ausencia. Decirle que le echaba de menos era decir demasiado poco, le necesitaba a su lado. Todo aquello no tenía sentido, Erik era la persona que peor le trataba de toda la tierra, además a menudo se peleaban y la mayoría de las veces el pasaba de ella, pero a pesar de eso Sandra era feliz con solo verle cada día y ya no podía hacerlo.
Cada vez que cerraba los ojos pensaba en como era posible que hubiera perdido en tan poco tiempo a las dos personas que más quería del mundo, a su amigo Pino y a... Erik. Se levantó de la cama sin muchas ganas de hacerlo. Todo su mundo se había ido al traste, se volvía a sentir sola, perdida, sin saber qué hacer. Bajó a desayunar, sin decir palabra. Fermín la vio entrar cual espíritu en la cocina. La verdad es que ya era costumbre ver a Sandra como un muerto viviente, apenas comía y ya ni si quiera hablaba, era como si estuviera en otro sitio, en otro mundo. Fermín sabía que eso tenía que acabar, no era bueno que todo siguiera así, tenían una misión, un comentido y Sandra era una de las chicas que siempre estaban dispuestas a ayudar, no podía perderla, además de que verla así daba lastima. Pero no era la única que lo estaba pasando mal: Elena también. Lloraba todas las noches e incluso pasaba las horas hablando con su amigo imaginario Erik, todo era de locos. Fermín le puso a Sandra encima de la mesa un tazón de leche. Elena y Carlitos entraron también en la cocina y Fermín preparó otro tazón para ellos y sin decir palabra salió de la cocina. Marcos y Laura estaban sentados en el sofá.
- Esto no puede seguir así...- Laura y Marcos miraron a Fermín.- Esta casa parece un tanatorio, vale que Pino ha muerto y que Erik se ha ido pero eso pasó hace dos meses. Creo que tenemos que ser fuertes y seguir adelante.
- Tienes razón Fermin, pero es que superar esto no es fácil para ellos, nosotros somos adultos y por eso parece que lo llevamos mejor, tendremos que dejarles tiempo.
- Llevan dos meses así perdidos sin saber que hacer, entiendo que necesiten tiempo, pero creo que lo que necesitan ahora es un empujón, un soplo de esperanza no sé, yo también me encuentro perdido, joder- dijo Fermín frustrado.
- Todos estamos perdidos, pero encontraremos de nuevo el camino, juntos como siempre.- Laura le da a la mano a Fermín.
- Laura tiene razón, lo conseguiremos.
- Por supuesto tenemos una promesa que cumplir, todos prometimos ser una familia y conseguir la felicidad de estos niños y de muchos otros, darles un hogar, un sitio donde puedan estar, donde se les acepte. Y creo que lo hemos conseguido, todas las familias tienen momentos difíciles, pero siempre se sale- Fermín la mira, Laura es una mujer muy madura, sin duda la que más lleva las riendas en esa casa pero el no se puede quedar atrás, él es el que más sabe acerca de los poderes de los niños, pero es que todo esto le viene grande joder, si estuviera aquí... pero no lo está, está solo.
-Si, Laura tiene razón yo creo que lo hemos conseguido, hace tiempo que nos hemos convertido en una familia de verdad, con los papás Laura y yo, el hermano mayor ese eres tú, los dos adolescentes independizados, Naia y Erik, la adolescente que está en casa Sandra con su amigo Pino, los dos pequeños torbellinos Elena y Carlitos, y el primo Leo, que nunca está en casa, pero es de la familia.
- Tienes razón, es que todo esto me supera. No quiero que ellos se vuelvan a sentir perdidos, como al principio.
- Al principio, no solo estaban perdidos, también asustados. Sandra no entendía por qué escuchaba voces, y Naia casi mato a su tío de una descarga eléctrica... no se creo que no estamos como al principio. Elena ya sabe hacerse invisible cuando quiere, y Carlos correr a la velocidad de un rayo y ya no ven eso como una maldición, sino como un don. No estamos como al principio, estamos muchísimo mejor- Fermín asiente, Marcos le da la mano a Laura.- Vale que ahora parece que estamos derrotados, pero solo tenemos que volver a levantarnos y ya lo haremos, no hay duda, yo no me voy a rendir y ellos tampoco.
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